En tercera persona



Te recuerdo, Krisma, lo que odio de ti es lo que odio de mí... Odio tu mala ortografía, tu falta de tacto, tus equivocaciones cuando amas lo pequeño e indefenso. Odio tu insomnio, tu ausencia de apetito, tus manos buscando mi boca y tu boca buscando mis manos. Odio tu perfeccionismo en tu desorden, tu cita cancelada, tu manera de verte en mi espejo, tus ojos grandes como si los hubieras prestado. Odio tu ego, tu enorme ego que necesita otra silla para sentarse, las palabras escritas con mayúsculas, la carta que jamás enviaste. Odio tus pequeños olvidos, tus detalles, tus vicios, tus asuntos pendientes, las cosas que nunca dices porque no es el momento. Odio tu deseo, tu nombre oculto e incorrecto, tu jaqueca en el mejor estado, tu poca atención, tu soledad donde nadie cabe, el vacío de tus palabras. Odio las comillas y las comas de más, tu gracia de dar las gracias, tu mala conducta ante el poder, tu jueves cobarde, tus medias rotas. Odio tu paciencia mezclada con ansiedad, tus horas muertas, tu hipocresía ante la vida, tu defensa personal en el tribunal, tu insistente voz en el teléfono. Odio tu falda corta, tu cumpleaños, la vulgar forma de cruzar las piernas, tu íntima conexión con lo sobrenatural, tu canción favorita, tu perfume en mi solapa. Odio tus deudas, tus causas perdidas, tu miedo al frío, tu paréntesis a la hora de la merienda, las promesas que no cumples. Odio tu puntualidad a destiempo, tu responsabilidad de llevar los zapatos limpios, tu taza de café, tu dolor de muelas, tu felicidad, tu informe con adjetivos, tu grasa abdominal en tiempos de hambruna. Odio tus culpas, tus llegadas ausentes, tus viajes sin regreso, tu crisis, tu precipitación a las disculpas, tu fe y optimismo en este país que nadie ama ni vuelve. Odio tu manía, tu llanto acumulado, tu falsa modestia... Odio todo lo que sos. Odio todo lo que soy. Pero, sobre todo, odio tus reproches en tercera persona.

Un regalo para ser feliz






Carta para Valeria,
 y para las mujeres que fueron, son y serán.
  • Jamás te compares con otra mujer, porque siempre saldrás perdiendo. Tampoco te humilles ante los talentos de otras mujeres, ni te digas que jamás podrías hacer lo que ellas hacen. Los talentos, la belleza y las habilidades de otras mujeres son únicas y tú también tienes las propias y son incomparables.
  • Arréglate para sentirte bien, para amarte y no para causar inquietud en los hombres.
  • Por ennumerar al azar: Tú no planificas una clase, no haces contabilidad, ni mucho menos diseñas un plan de trabajo  para complacer a los demás. Todas esas cosas las haces porque te gustan a ti y porque al final de  la jornada te autorealizas.
  • No te sientas culpable por no lavar los trastos, ni ser la mejor mamá o la mejor ama de casa. Tienes otras prioridades, entre ellas vivir. Nadie es perfecto. Sos humana y los humanos cometemos errores y tenemos cosas más importantes que lavar trastos y arreglar el desorden de otros.
  • Lo que hagas es asunto tuyo. Nadie tiene el derecho de elegir tu peinado, tu perfume, tu vestido… Nadie tiene derecho de juzgarte por la cantidad de amantes que han entrado a tu cama o con quien almuerzas de vez en cuando.
  • Vivir sola no es un pecado. Ni el mundo se acaba  si no te decides por tener un hijo. Sabes bien que los hijos son una responsabilidad suprema y que para criarlos necesitas que las cosas estén bien. Sabes que no se trata de una mascota o de un escudo. No traerás al mundo a otro ser para que sufra la decadencia de una sociedad y eso es ser valiente e inteligente.
  • Llorar y enojarte no te va bien. Pero algunas veces hay que hacerlo por limpieza emocional. Llora todo lo que puedas. Grítale a tu almohada, si es necesario. Pero luego piensa en la solución y salí a la calle o compartí un café para despejar tu mente.
  • Dedícate un tiempo para ti solita, para hacer lo que más te gusta. Desde ir al salón de belleza, hacer manualidades, algún deporte, dormir, ir al cine, reunirte con tus amigas, hasta ir a clases de yoga, pintura o escribir en tu diario. Tú mereces ese tiempo para construirte.
  • Sé clara, precisa y directa cuando quieras algo, pero respeta los sentimientos de los demás.
  • Nunca dejes de pensar en la niña que fuiste, ni en tu estirpe y tu experiencia. Todo lo que eres, bueno o malo, es producto de tu pasado.
  • Aprende todos los días algo nuevo y conoce a nuevas personas. Si no lo sabes algo, pregunta y escucha. Aprende de todos, desde la señora del mercado hasta de una dama de la realeza.
  • Siempre mira de frente, sostén la mirada, mantente erguida, camina sin arrastrar los pasos, usa tu mejor sonrisa.
  • No te quejes de tu vida y tu trabajo, piensa que este día será estupendo y que el sol brilla para ti.  
  • No permitas que alguien te trate con inferioridad o te subestime. Pero tampoco fanfarronees o discutas. Demúestrale con hechos lo que eres capaz de hacer. 
  • Si quieres algo, esfúerzate para búscarlo. Si te harta y te hiere, déjalo.
  • No andes con rodeos. Ataca de frente. Ve a la raíz de los hechos. Busca la verdad.
  • Todos hablan del recato, la molestia y la humildad. Esas palabras son subjetivas. Lo único que te pido es que seas auténtica.
  • Y no lo olvides, la fuente de la juventud es ser feliz.

El plagio y la gente que toca las puertas


beautiful door
El viernes, llegó una chica vestida de negro a la oficina gubernamental en la que me encuentro y me la pasaron a mi escritorio. Andaba buscando información. Le alcancé una silla, le ofrecí un vaso de agua (se miraba cansada y se bebió el agua con deleite) y le pregunté en qué le podía servir. Ella me explicó que deseaba darse a conocer por sus escritos literarios por medio de recitales o publicaciones, y yo le expliqué que mi trabajo no era ese. Sin embargo, le ofrecí ayudarla con contactos. Luego le pregunté si vivía en San Salvador. Vaciló en responderme. Me dijo que andaba buscando trabajo. Noté su bolsón y el ataché que cargaba. La miré a la cara y vi su desesperación. Le expliqué sobre los Juegos Florales (JJ FF) y sus ojos brillaron. Buscó en su ataché algo y me alargó un disco y un cuaderno sellado por Registro de Propiedad Intelectual. Todo maniáticamente ordenado. Se me achicó el corazón y pensé en este plagiador. No leí nada de lo que me mostraba y se lo devolví. La felicité, le extendí la información de los JJ FF y los contactos para que iniciara su búsqueda de oportunidades. Se despidió de mí con una sonrisa y un apretón de manos. La vi alejarse con su pesado bolsón al hombro y su ataché demasiado anticuado y pasado de moda para una chica.
Hay gente, sí. Gente que toca puertas y no todas están cerradas. Uno cree en la gente hasta que esta gente muestra interés, talento, integridad y fueza de voluntad.
Recuerdo una tarde en la Casa del Escritor a un chico leer su texto ante el grupo por primera vez. Lo leía con tanto dolor y desesperanza que cuando terminó había derramado lágrimas de furia e impotencia. Todos sabíamos que el texto era malísimo, pero todos reconocimos que en el fondo había talento, pasión y oficio. Provenía de una zona urbana atacada por la violencia y la pobreza, y era un candidato potable para las pandillas. Se notaba su fuerza de liderazgo, su valor por querer hacer las cosas bien y empezamos a atiborrarlo de libros, unos prestados y otros regalados. Le dimos todas las herramientas, todo lo que podíamos y, sobre todo, le dimos la fuerza para buscar su identidad. Lo vimos crecer y desarrollar su propia voz, sin despreciar o marginar cada tontería loca que se le ocurría. Mejoró su actitud ante la vida, su familia, su sociedad y su realidad. Ahora me orgullece decir que hoy es uno de los jóvenes más destacados y respetados de la poesía actual con ese salvaje don de crear poesía de protesta desde su marginalidad. Nuestro trabajo no fue inflarle el ego ni darle un contenido vacío, fue demostrarle que podía y darle lo que necesitaba: conocimiento y creer en él.
Luego me analizo y me veo 15 años atrás. Me recuerdo, allí en el limbo. Con mis cuadernos repletos de versos en una aula de la universidad. Desesperada y ansiosa por demostrarle al mundo mi talento y sin saber dónde hacerlo. Me recuerdo entrando a los 18 años en un concurso literario convocado por Radio Clásica y no ganar (porque, confieso: mis versos eran pésimos). Me recuerdo escuchando sin querer a uno de los organizadores de otro concurso (sin que supiera que era yo la concursante) que mis poemas eran malos y sin posibilidad. Me recuerdo conociendo a ese "poeta" organizador de otro concurso y decirme que mis poemas tenían mucho dolor, mientras se acercaba peligrosamente para besarme. Me recuerdo caminando hacia el pódium en un poetón organizado por la universidad para leer uno de mis primeros poemas y sentir que era especial. Me recuerdo ríendo en una clase de métrica y rima, porque mis esperanzas de ser escritora estaban semi-sepultadas. Hasta que un día entendí que tenía que perseverar, ser humilde y que aprender todo lo que podía serían mis armas para lograr lo que ahora soy. No mucho, pero soy.
Por lo anterior, siento furia ante el plagio, porque ganarte el título de escritor (que en ninguna universidad se te otorga) es díficil. Pero tarde o temprano los mentirosos, los delicuentes y los altaneros caen. Siento dolor y tristeza ante este tipo de delitos y lo condeno.
Y sí, están los escritores allí. Pero gente plagiadora les quita la oportunidad de encontrarlos.

MD: usted vende zapatos




 


MD: Usted vende zapatos, no frasecitas rebuscadas del feminismo. Usted vende zapatos, no mujeres. Los zapatos no mueven el piso, ni las mujeres que los calzan. Lo que mueve el piso es la inteligencia cultivada con educación. Hay mujeres que no usuraron los zapatos para cambiar el mundo, pero de esas no hablaremos porque no son tan bellas ni son políticamente correctas como para estar en una valla publicitaria. Tampoco mencionaremos sus nombres, ¿quiénes son ellas para opacar a una supermodelo? No me queda explicado quiénes fueron las primeras en ser quemadas, las primeras en votar, las primeras en divorciarse, las primeras en soñar. ¿Qué es “esto por la primera”? 

Usted vende zapatos, no la imagen falsa y equivocada de una mujer que consigue todo lo que quiere con agresividad, frialdad y egoísmo. Usted vende zapatos, no poder y gloria. Usted vende zapatos y usar zapatos no te hace más valiente para enfrentar el acoso sexual en la calle o en la fábrica. Usted vende zapatos, no justicia ante una violación de los derechos humanos. Ser bonitas y luchadoras, no es porque ocupemos zapatos. 

Usted vende zapatos y nadie verá los zapatos cuando se defiende una tesis, cuando discutimos en un debate político, cuando escribimos un discurso, cuando lloramos al dejar a nuestros hijos al cuidado de terceros, cuando hacemos fila en el banco, cuando empujamos una carretilla en el supermercado. ¡Nadie ve los zapatos en la cara de una mujer! Esa es la mentira más grande que he encontrado en sus vallas publicitarias. 

Usted vende zapatos y no siempre una mujer que usa zapatos es sinónimo de independencia por decidir vivir sola. No es una manera de llamarlas libres, ni todas las mujeres independientes viven solas. Tampoco una sola mujer puede rompen tradiciones y sacudir el sistema, eso se hace desde la memoria colectiva y de la necesidad de empoderarse o no de nuestras propias decisiones, necesidades y creencias. 

Usted vende zapatos y no usamos zapatos para conquistar a un hombre y llegar al altar. Los hombres inteligentes y sensibles no miran los zapatos, miran a los ojos y en los ojos no están los zapatos. Si ellos miran los zapatos y no su corazón, créame, es un patán.

Usted vende zapatos, ¿no? Los zapatos se inventaron para caminar mejor, no para romperse los tobillos. Nada más estúpido que correr con zapatos de tacón alto. Usted me ofende al comparar mi talento y fuerza con usar o no unos zapatos de mala calidad. Usted me sigue explotando el cuerpo de las mujeres para venderme zapatos. Prefiero caminar descalza antes de seguir ese glamour artificial de oveja plástica, de mujer diseñada -utilizada- para seducir en comerciales que, cuando son viejas, desteñidas y tristes, se desechan. 

Usted vende zapatos. ZA-PA-TOS. 

¿Quedó claro o se lo explico con los dedos de los pies?

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